Cosmética casera

Cómo entender las recetas de cosmética (I): introducción jabones


Con todos los productos químicos que contiene actualmente cualquier producto de cosmética, y los precios tan inflados de los productos ecológicos, una buena opción es hacérselos uno mismo. Hoy en día no es demasiado difícil conseguir una receta, pues las propias páginas que venden los ingredientes suelen tener un apartado con muchas de ellas. Pero no todas son fáciles de hacer, y lo que es más importante, a veces llevan tal cantidad de ingredientes que solo de leerlos se te quitan las ganas. Por ese motivo publico este post, para que sepamos diferenciar lo fundamental de lo opcional, y la proporción en la que debería ir cada ingrediente.

 

No es lo mismo un champú que una crema o un gel, cada uno tiene sus particularidades. Es un asunto extenso y hay ciertas cosas que hay que comprender muy bien, así que dividiré la información en varios artículos.

 

Empezaremos por los jabones. Entre ellos veremos también geles y champús.

 

Un jabón para lo que sirve es para limpiar, así que su componente fundamental es un agente limpiador. Este agente limpiador se puede obtener de dos formas, bien elaborando el tradicional jabón, o bien añadiéndolo directamente.

 

Proceso tradicional

En el primer caso, el tradicional, el proceso se llama saponificación. Consiste simplemente en transformar grasas en agentes limpiadores. El proceso es algo más complejo pero básicamente se utiliza para eso. El problema de este método es que es engorroso y requiere su técnica, además de tener que utilizar una sustancia peligrosa como es la sosa cáustica. Lo bueno es que se elabora con pocos ingredientes, aunque estos tienen que ir muy bien medidos.

 

La saponificación puede obtenerse con hidróxido de sodio (sosa cáustica) o de potasio (que nos da el jabón de potasa). La forma de obtener el hidróxido de potasio no es muy respetuosa con el medio ambiente, pero por suerte hay gente que ha pensado en alternativas, aquí podéis ver una forma más natural.

 

No voy a profundizar en este proceso porque no tengo experiencia en él, os dejo este enlace en el que se explica muy bien (esta página tiene un foro que es una maravilla para todo el que elabore cosmética casera).

 

Estos jabones se suelen usar para la ropa, aunque si el proceso está bien hecho se pueden usar para aseo personal, ya que la reacción de la sosa con las grasas daría como resultado jabón y glicerina. Pero para asegurarse de que se tiene un producto suave se puede usar una base de glicerina directamente, que es fácil de conseguir y barata. Hablaremos de ello en otro artículo.

 

Tensioactivos

La segunda opción es hacerse directamente con las sustancias que limpian. En este caso los más utilizados son los llamados tensioactivos. Los hay naturales y derivados del petróleo. Estos últimos son los que utilizan la mayoría de productos comerciales.

 

El inconveniente de este método es que lo tensioactivos son irritantes, y una receta que los contenga tiene que añadir más ingredientes para contrarrestar este efecto. Incluso combinar varios tensioactivos diferentes.

 

En realidad si lo que queremos es un gel o champú básico, solo necesitamos agua y un tensioactivo, pero no todo es limpiar. Además de lo que acabo de comentar de contrarrestar la irritación, se puede aprovechar para añadirle otros efectos beneficiosos, como hidratación, por ejemplo, y la fórmula e ingredientes variarán si quieres un jabón liquido o sólido, como veremos en el siguiente post. Otros factores son la conservación, los aromas, colores, etc. Todas estas posibilidades son las que provocan el crecimiento de la lista de ingredientes.

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